Comida en la calle, patrimonio cultural que lleva directo al sobrepeso

No importa la hora o el lugar, seguro te encuentras con un puesto, carro o bicicleta para comer en la calle.

La comida en la calle es por puro antojo. Pero también intervienen factores como la falta de tiempo para prepararse alimentos, la cercanía del puesto a la casa o el trabajo y el precio accesible.

México posee una enorme variedad de comidas que se venden en la calle, un patrimonio cultural y social que lo caracteriza, sin embargo, aún mantiene carencias en las medidas de control y de higiene, señala una investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y la Universidad Oberta de Cataluña (UOC).

Los avances del estudio llamado “Comer en la calle”, una iniciativa de la UAM Xochimilco a través del Observatorio de Alimentación México y con la colaboración de la UOC cuyos resultados se darán a conocer en mayo de 2017, resaltan a la actividad como una práctica muy extensa en el país.

“En México hay que observar que es una práctica muy, muy, muy extendida en comparación con otras sociedades, por lo tanto, tiene una carga muy positiva en cuanto a patrimonio, a expresión de la cultura, en cuanto a ejercicio de diferentes recetas y que la gente aprecia mucho”, expresó el director de la Cátedra UNESCO de Alimentación, Cultura y Desarrollo de la UOC, Xavier Medina.

Indicó que el objetivo del estudio servirá para generar recomendaciones sobre la elaboración de la comida, pero también para la sociedad encaminadas al grado de consumo luego de que la práctica no desaparecerá y que, por el contrario, podría ir en aumento en un país como México.

“La comida en la calle, no siempre, pero suele ser fuerte con bastantes grasas, incluso azúcares y nos encontramos ante problemas de que gente que come muy seguido en la calle puede tener problemas de salud, sobrepeso, obesidad y no quiere decir que lo cause la comida en la calle, pero sí contribuye con estilos de vida”.

La investigación también revelará las prácticas de otros países como Estados Unidos, y algunas naciones de Asia y Europa, a fin de contrastar las prácticas culturales y económicas que arrojen una perspectiva más amplia sobre la comida en la calle.